La hora comunal

Nuevamente es la hora de todos,

cada uno se sirve una copa y prepara un cigarro

mientras declina la tarde

extraña y pasajera.

Es como una cascada

de precipicios desencadenados

en infinitas posibilidades.

Sin embargo nos distrae con su muerte

este sol ya distante,

y negamos libertad a la blancura espesa, inhalada,

delirio de tinta esparcida

por sinonimia de nocturnos espectros,

separamos el tiempo inmarcesible de lo soñado,

de lo pensado como anhelo fortuito.

Nos dirigimos a la nada que nos espera

impaciente, inexistente, como candela extinta

y decae nuestro ánimo hacia un desaliñado cúmulo de tristezas,

de sueños, de memorias, vacío.

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