Atardecer en la Ciudad de México

Montañas preñadas de un sol meditabundo

se mueren bajo la tarde retorcida de párvulos, criaturas azules del pensamiento.

Amo las memorias al sur de México,

perdidas o disueltas en cualquier dirección.

No hay cosa cierta en mí que se haya vivido con inocencia,

ni cosa justa que acredite los motivos

y modele mis actos en esta ciudad incalculable.

¿Has visto pájaros por las tardes en esta Alameda?

Han sido capturados y puestos

en jaulas de hierro, enrolladas en una manta.

Grandes pájaros que olvidaron cantar sus elásticas y redondas notas de verdad libertaria.

Pero uno de cantar nocturno, artista del último día en que moríamos,

nunca capturado por los homicidas,

sigue enseñando a cantar,

no a los pájaros sino a los hombres.

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